BOVEDA EXTERIOR

Desde pequeño había sido educado para formar parte de la élite de la casta de los exploradores,quienes se encargaban de localizar nuevas galerías en la Gran Caverna,pues la población se había duplicado en los últimos cincuenta años desde la Explosión Final.Descendía de aquella parte de los supervivientes que por caprichos o quien sabe adaptación de la genética no habían perdido la pigmentación de su cuerpo y conservaban más del 70% de su visión,mientras que la inmensa mayoría de la población si acusaba tales mermas.Ampliar los limites de la Gran Caverna se consideraba un acto de gran valor y de gran reconocimiento en aquella sociedad subterránea.Su abuelo,uno de los padres fundadores de la escondida ciudad,se sentiría orgulloso.Había descubierto una vía inexplorada y tenía esperanza,que dada su gran anchura ,pudiese el rocoso túnel desembocar en una gran bóveda,donde nuevos colonos consiguiesen asentarse.Un bloque calizo de considerable dimensiones estorbaba su camino,utilizando como en otros casos similares una pequeña carga explosiva para despejar el trazado elegido.Sin embargo un pequeño error de cálculo en su colocación provocó un derrumbe en cadena,con la mala suerte que un pétreo cascote golpeó la cabeza del explorador Mateo.Tras unos instantes inconsciente,Mateo se reincorporó dolorido,sintiendo una luminosidad tan extraña, tan distinta a la que emanaba del Gran Generador,que se sintió embriagado y desorientado.Aunque con cierto dolor sus pupilas se adaptaron a la rara luz,mientras sentía una corriente de aire nada parecida a la generaban los enormes ventiladores de la sala de control.Se arrastró hacia el origen de la misma y una bocanada de frescura como nunca había experimentado bañó su rostro.Estaba fuera de la Gran Caverna,quedando maravillado con la explosión de colores,olores y formas que lo rodeaban.En los libros de texto,el exterior siempre aparecía tétrico y oscuro,inhabitable.La vida había resurgido de sus cenizas.La euforia inicial fue progresivamente convirtiéndose en tristeza al pensar en aquellos seres casi ciegos y de piel tan sensible.En el nuevo mundo aún serían más desgraciados que en su artificial hogar.Colocó una nueva carga,y selló la puerta hacia el exterior.

ALICIA

Alicia ya no vive de maravilla, el príncipe que salió rana dijo:¡ el cuento se acabó! nada más darse la vuelta la hada madrina. El arco iris de Alicia se forma con gotas que no son de lluvia y de los colores de un labio partido. Inventa razones para aguantar esperando que el final vuelva a ser comer perdices. ¡Despierta acaso bella y durmiente de Orfidal! Mírate en el espejito y di que será la última vez.

Participa en III Concurso Internacional de Microrrelatos Desgenerados contra la Violencia Machista.

Sergio López Vidal

Sala de espera

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El olor a colonia a granel administrada con pulverizador de plástico impregnaba la sala de espera de aquel ambulatorio.Situé su fuente de emanación en una anciana vestida con ropa ” de boda” y la cara pintada con ceras “manley”,que miraba constantemente su reloj de pulsera y buscaba en los que estábamos sentados enfrente la complicidad en su queja sobre el retraso que en las citas llevaba la doctora.Arquear las cejas en ese instante fue mi perdición pues la señora en cuestión entendió tal movimiento como un signo de aprobación a su demanda y bajada de bandera para entablar conversación.Comenzó a mostrarme las fotos tamaño carnet de todos sus nietos haciendo hincapié en la hija de su Daniel,para preguntarme con aires de celestina si yo era soltero.Pensé que lo siguiente sería preguntarme aquello de ¿y tu de quién eres?Por suerte la enfermera salió a la sala y llamó en voz alta a una tal Eutropia Valdemira.Respiré aliviado pues tan singular nombre no tendría más cabida que en el DNI de mi lenguaraz compañera de espera.Sin embargo erré en mi nominativa apuesta,ya que una joven de generosos pechos y exhibicionista tanga fue la que acudió al llamamiento de la enfermera.!Que poca vergüenza!,me dijo mi vieja nueva amiga,señalando con su barbilla el escote trasero de la gentil Eutropia.Esta vez tuve la precaución de no arquear las cejas y opté por mirar al suelo y limpiar las punteras de mis zapatos.Acompañado de un resoplido la anciana volvió a su queja sobre el retraso en la consulta.”Por los clavos de Jesucristo ,no voy a llegar a la misa de doce.Tendré que volver mañana ,fíjate tú,sólo me quedan ocho cajas de Adiro 100″.No pude más que arquear las cejas,otra vez.

Sergio López Vidal

Gigantes y Cabezudos

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Al ritmo de la dulzaina aquellos Cabezudos acompañaban en su danza a los Gigantes,recuerdo al gordo y el flaco,a un moreno torero,un rojo demonio de orejas puntiagudas y al lobo que yo asociaba al de Caperucita,de ojos penetrantes y sonrisa incisiva.Quien en el vaivén del baile se desvió hacia una de las sombrías callejuelas del pueblo de mi abuelo,entre el alegre alboroto de los vecinos.Mi natural curiosidad de niño me empujó a seguir al acartonado lobo de pijama de rayas azules.Le había perdido de vista,cuando unos desgarradores gritos desde la calle cortada, por la que se accedía al Castillo,llamaron mi atención y helaron mi corazón que ahora latía acelerado.Temeroso,me asomé a la cuesta del Castillo,sin dejar de sentir cada vez mas cercano un jadeo y extraños gruñidos.Un sanguinolento rastro en la vieja muralla aumentó mi terror.Enfrente de mí una enorme bestia de duras y negras cerdas se dirigía hacía mi con sus amenazantes garras.Cerré los ojos paralizado de pánico…y volví a escuchar la dulzaina.Los abrí lentamente,mientras una suave mano me acariciaba y me ofrecía una golosina.El lobo era otra vez de cartón piedra y se incorporó a la Charamita.Ahora soy profesor de conservatorio y nunca llevó a mis hijos a los Gigantes y Cabezudos sin mi dulzaina en el bolsillo.

Sergio López

Epica

De todo comienza hacer ya mucho  tiempo.Es la suerte del superviviente, del que vive sin entretenerse en mirar atrás y sin tiempo para pensar en mañana.Del que vive para la divina rutina de otro día más apretando los dientes a veces con cuchillo entre ellos ,otras sin él.El rumor de quienes se afanan en respirar con el agua al cuello y a contracorriente. Bocanadas de aire y otra vez al tajo,superhéroes  de traje gris , con el poder de morir y resucitar cada día.Gente normal como tú y como yo.

LA MECANICA INFINITA

Miró  aquella canica azul y brillante mientras trajinaba con la pistola neumática  y  apretaba los  dichosos tornillos para sujetar la chapa exterior. Recordó su infancia cuando miraba al cielo y soñaba con llegar lo más alto posible, y ahora se veía  siempre con el traje de faena, con aquellos burdos guantes protectores, en interminables jornadas laborales  esperando que sus jefes le recordaran que “todo tiene que estar a punto”. En la soledad de su espacioso taller  de trabajo añoraba no haber dedicado el tiempo suficiente a sus hijos, para quienes su  padre se había convertido en un señor que se pasaba toda la vida   de mantenimiento  en una estación, donde los trenes que arreglar eran  tan importantes para que se perdiera sus cumpleaños o sus funciones de teatro. Mamá tampoco pudo aguantar y se fue con el director de la sucursal donde trabajaba, por fin un hombre vestido de traje y chaqueta, y no alguien siempre en mono de trabajo entre bujías y cilindros, chapas desgastadas que había que cambiar con mucha frecuencia y que casi nunca comía en casa. Habían ya tan pocas cosas  en el apartado   mundo del que provenía por las que luchar. Volvió a mirar a  aquella azul canica, lanzó con rabia la atornilladora pistola al vacio,y se quitó su casco protector. Respiró la inmensidad que lo rodeaba y cortó el umbilical  cordón que lo unía con la Estación Europea Espacial. Ahora si iba a llegar lo más alto posible, a miles de años luz de aquella insignificante canica azul y brillante llamada Tierra.

Sergio López