UNA VIDA SIN VOZ

UNA VIDA SIN VOZ

Le gusta mirarse en el espejo envejecido, tal vez porque le recuerda a otros tiempos, quién sabe si mejores, cuando gustaba fumarse un cigarro habano desafiando su placer exclusivo reservado para hombres. Esos mismos hombres que sobre extrañas mentiras tejieron la alfombra roja de su efímero éxito para luego dejarla caer sin lona. Peina armoniosa su cabello cano con el cepillo de puño bruñido y grabado con las iniciales G.S. de un nombre de blanco y negro, de labios leídos y con el azul verde de sus ojos sugerido. Escondida en el telón del olvido, se maquilla para la última toma de su vida, como siempre desafiante. Un habano más, por favor.

Sergio López

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RUTINA

RUTINA

Los platos se apilan en el fregador en una cascada de porcelana que desafía la gravedad, y la vitroceramica aguanta la ignominia de pasar a convertirse en simple bancada para la comida preparada, cuyos envoltorios se acumulan sin fin.
Juana Quintanar, observa nerviosa las persianas de su habitación, que descolgadas por uno de los extremos sólo dejan ver un enjambre de antenas del edificio de enfrente aumentando la sensación de asfixia en aquel piso. Juana,” ¿cómo has llegado a este extremo?, tú que siempre has sido tan metódica, tan pulcra con tus cosas”, se pregunta mientras apaga un cigarrillo en la colcha de flecos de una cama sin hacer desde hace…”Esto no puede seguir así, Juana, recuerda los gloriosos días en los que destacabas en tus labores, hasta llegaste a salir en los periódicos. Y ahora mírate, no eres ni la sombra de lo que fuiste.Reacciona, Juana”.Lo va a hacer. De entre una montaña de ropa sin estación determinada, busca su bata de trabajo, ésa que tantas satisfacciones le dio.”Ánimo Juana, piensa en las palabras de la sicóloga: lo mejor es volver a la rutina cuanto antes”. Se enfunda unos guantes de látex sin estrenar, ya casi está preparada para empezar. Todo va a volver a estar en su sitio.”No olvides las bolsas de basura”.

Ahora sí, Juana respira satisfecha, lo ha vuelto a hacer y ya nunca va a caer en la desidia en la que se había sumergido. Recostada en el sofá, sonríe viendo lo maravilloso que es su pequeño universo.

Abajo, en el portal, un cuerpo mutilado y desmembrado, en varia bolsas de basura junto al contenedor, espera su recogida.

La rutina siempre tranquiliza.

Sergio López Vidal

VIVO

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Atesora el cruel paisaje de mi encierro
la nostalgia de mil inviernos sin luz
sin escuchar palabras de virtud,
sólo gemidos de los no muertos.
Quiero despertar de infantiles pesadillas
que se acaban con el frio alba,
y no vivir entre cuerpos sin alma,
con la maldición reflejada en sus pupilas.
Quiero moldear mis lejanos recuerdos
de sonrisas ,voces y humanas caricias,
de carne tersa, que sienta la lluvia
y que su caminar no sea eterno.
Es mi condena la soledad de mi razón,
la conciencia de saberme entre ellos vivo,
resistiendo al carnívoro sacrificio,
busco a otro palpitante,esperanzado.

Participa en V Concurso de Poesía Fantástica Minatura 2013

Sergio López

The Shop

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Había pasado innumerables veces por aquel estrecho pasaje que comunicaba con el ensanche de la calle principal,y sin embargo nunca se había percatado de la existencia de una tienda en el mismo.Su llamativo cartel hacia difícil no reparar en él.Lo achacó a su ensimismamiento laboral que lo tenía bastante absorbido.Era viernes,la jornada había sido infernal por lo que decidió aflojarse el nudo de la corbata y curiosear en aquella tienda que parecía anclada en el tiempo.”La sabia soledad”,extraño nombre para un comercio,sus empañados vidrios por el paso del tiempo no dejaban entrever el genero o actividad de la tienda.”Abierto”,leyó completando la sílaba “er” que aparecía difuminada.Empujó la ornamentada puerta de aristocrática pátina y entró ansioso por descubrir el interior de tan singular local.El tintineo de unas campanitas anunció su visita en aquella penumbra que hacia difícil apenas distinguir vagas siluetas de distintas formas.Con un tímido saludo intentó obtener la atención de quien estuviese al frente del establecimiento,sin conseguir resultado.Giró la trampilla de un pequeño tragaluz y un halo de luz,invadida de infinitas partículas en suspensión bañó la estancia rebelando todos sus secretos.Ante él,montones de hileras de libros de distintas texturas y encuadernaciones se agolpaban tapizando paredes y mesas.Una librería “de viejo” concluyó.Cogió uno de los volúmenes,paso su mano por encima,sintiendo el relieve de las labradas letras que formaban su título:”Los primeros años” de J.W.Carlson.Sonrió.Abrió otro libro, en cuya primera página se advertía “por J.W. Carlson”.Continuó repasando libro tras libros de diferentes temáticas que abarcaban todas la virtudes y todas las penurias de la existencia del hombre,todos firmados por J.W.Carlson.Un pequeño libro negro,casi escondido,en la multitud colorista de tomos y tomos llamó su atención:”El último día” por J.W.Carlson,lo abrió y unas densas lágrimas humedecieron el lomo del libro.Julius Wayne Carlson comprendió lo que se vendía en aquel lugar:VIDAS.

Sergio López Vidal

MUERTE SUBITA

El-InfiernoCreo que llevo demasiada ropa para este sitio, pero claro nadie me advirtió, ha sido todo tan rápido, la cuestión es que yo me estaba duchando y volví a maldecir esa gota de gel en el ojo que me persigue desde que andaba limpio de pelo y me bañaba mi santa madre.”Vístete rápido que ha llegado tu hora”…pues ya podían avisar con quince días de antelación como cuando me despiden del trabajo. Y claro cogí lo que más a mano tenía ,un chándal de franela, que conste que sólo me lo  ponía en casa pero insistían tanto en la prisa…que si no, me iba a quedar en el limbo…ya ves tú qué miedo a ver donde he estado siempre. Pero lo más extraño de todo es que siempre pensé que tenía el cielo ganado. Y mira por donde, que no.

Sergio López