Documentada vida

Documentada vida

Camino entre iguales con el recelo de una fingida vecindad,vigilante entre la maraña de inquietas extremidades, que huérfanas de cuerpo bailan en la espesa polvareda que levanta nuestro devenir .Todos a una pero cada uno a la suya ,arrebatando el puesto de quien no sigue la ley del más fuerte,o más bien del menos torpe .Empujando a los demás al carnívoro cadalso de quien acecha a la insólita marea salvaje.Es el egoísmo que sacrifica congeneres sin remordimiento para perpetuarse en el tiempo.He llegado al final del trayecto de nuestro río de la vida,para rendir cuentas a los inclementes dioses,jueces del paraíso y verdugos de terribles fauces .Culpable,ofrezco el cuero de mi cuello de ñu con la fe de mi resurrección en el reino documental de La 2.

Sergio López Vidal

FÍSICA VITAL

FÍSICA VITAL

Vencido es tu llanto por la irremediable ley de la gravedad de tus lágrimas. Te alejas de la vida a 9.8 metros al cuadrado de tus anhelos, y en la ecuación cotidiana de la tenaz lucha hace tiempo que no andas despejado. En la inercia de tu tristeza fraguas el desalojo de sueños y sonrisas como un Arquímedes de voluminoso dolor. Locura de trayecto constante que sólo puede apartar de la línea recta del sufrimiento una única fuerza: Ilusión.

Sergio López

Aprendiz de duro V

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Ya se que la discreción en este negocio sin iva es fundamental,pero cuando Franki “El acrobata” me citó en la parroquia de San Eleuterio,no pude más que persignarme y ponerme la “chupa” de los domingos y fiestas de guardar,que con la iglesia hemos topado.Nada más abrir las dos pesadas puertas de la iglesia,las miradas de las beatas del primer banco me tuvieron como blanco.Qué mejor que el agua bendita para disimular mi verdaderas intenciones.Pero,sorpresa,la pila estaba seca,no se si para ahorrar o acaso ahora viene embotellada a un euro en la tienda de souvenirs.Camino por el crucero de la iglesia buscando cualquier pista para dar con Franki,ante la mirada de cordero degollado de un San Sebastián y un exhausto Cristo del Madero —vaya “marrón” que se comió el Maestro por la mala cabeza de todos nosotros— pero ni rastro de mi saltarín jefe.A lo mejor es el olor a santidad,pero a mi estos sagrados lugares me huelen a rancio,a “cerrao” como diría mi abuela.Leo: “San Juan Bosco,patrono de los ilusionistas y del circo” y como la paloma del espíritu santo,Franki “el acróbata ” vuela con un triple mortal desde el coro hasta caer delante de mí.Me entrega otro paquetito y,en una estampilla de San Cristóbal,la dirección correspondiente.Casi sin darme cuenta se esfuma,lo busco hasta en la diestra de dios padre,nada ni rastro de él ni del “money” adelantado por el “bussines”.De salida no puedo evitar “hacerme” un par de cepillos,para los gastos de representación.Al fin y al cabo estoy en la parroquia de San “El—lute”—rio.Sympathy for the devil.Like a rolling stone.

Sergio López Vidal

PAPEL PINTADO

PAPEL PINTADO

Casi podía respirar el engrudo con el que su madre pegaba el papel pintado de su habitación, que como un ritual o catarsis anual renovaba llegado el mes de septiembre. Las fotos de la cámara instantánea Kodak daban fe de la casa de las mil pieles. La pequeña Victoria disfrutaba cuando había que retirar el papel del año anterior, despellejando con libertinaje infantil las paredes del pasillo, sacando a la luz: huellas, garabatos y corazones grabados en el yeso descarnado.
Llegó septiembre y mamá no mudo la envoltura del hogar. Ya no habría más engrudo, atrapando para siempre las futuras instantáneas en un encuadre pasado. Quedando soterrado el último “TE QUIERO” bajo la ciega lámina del extrañamente superviviente papel pintado. Y la sonrisa de mamá se convirtió en la mueca indolente de quien no espera ya nada más. Victoria comprendió que septiembre ya no era el mes en el que todo comienza y, que mamá había cambiado el engrudo por silenciosas lágrimas. Y que papá la había cambiado a ella por su secretaria. Y que todo a su alrededor había cambiado salvo el papel pintado.

Sergio López.

ÓXIDO

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Frota sus dedos impregnados del óxido de lluvia que desolla el columpio de su niñez,que deshace los recuerdos en colores ,en la sepia nostalgia siempre perturbadora.La gota fría del tiempo que concentra su furia para destruir los cimientos de la eternidad,reducirlos al instante presente y neutro.Nacer todos los días para enterrar conversaciones,besos y rostros.
Un niño se balancea ahora en un lustroso columpio ,volando hacia un radiante cielo.Mañana,quizás comiencen aparecer nubes.Lluvia.Óxido.

Sergio López Vidal

El Té de la Luna

Giró el globo terráqueo buscando aquel recóndito lugar donde su emprendedor esposo había iniciado un incipiente negocio de té. Pronunció en voz alta el nombre de aquel lejano y exótico país, y de forma cadenciosa fue repitiéndolo, cayendo en una hipnótica paz interior como nunca antes había sentido.

Los pintorescos nativos se sorprendían que la mujer de su altivo patrón, bajara a las húmedas plantaciones del té darjeeling, y no dudara en arremangarse su vestido de lino blanco para ayudar en las tareas de recolección. Su larga melena rubia y su tez pálida destacaban entre los cetrinos recolectores que se afanaban en las escalonadas terrazas de té. En su vientre fructificó la semilla de un heredero entre aromas de especias y el júbilo de su esposo, vástago que enmochilado en la espalda de su madre visitaba las tierras del té desde muy temprana edad. Corriendo entre las verdes hojas de té, compartiendo juegos con los hijos del lugar.

“Harimandahan”,”harimandahan”, se oyó entre las plantas de té, hasta que de ellas unos de los trabajadores salió con los ojos desencajados: ¡El “harimandahan”!, volvió a gritar. Todos sabían lo que ello significaba. Dejaron sus enseres, las madres recogieron  a los pequeños y corrieron al claro de la carretera que limitaba la plantación. La dama blanca buscó con la mirada al pequeño heredero, que sólo un instante antes se agarraba juguetón a sus faldas. El pánico enmudeció sus sentidos y un frío recorrió su cuerpo alienándose de la alborotada estampida de los lugareños. Caminó  hacia donde la selva matrimoniaba con la plantación de té. En su inmaculado vestido de lino la sangre de la estirpe dejaría de fluir.

Sobresaltada y angustiada despertó, y ante aquel globo terráqueo de mundos lejanos , decidió que no  embarcaría  a su destino la mañana siguiente.

Nota: harimandahan ,es el nombre que los indígenas de Indonesia dan al tigre de los árboles.

Sergio López.

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Eterna

Eterna

Cerró el libro, hay días que leer duele con ese dolor que sólo se cura con una hoja en blanco y el vómito de palabras propias. Se había jurado terminar el último capítulo de la novela en que se había embarcado, tres largos años antes, buscando en la soledad de aquel páramo la inspiración negada en la infame ciudad tan autobiográfica como irreal en las hojas manuscritas de su borrador. Sentirse extraño, ajeno a un lugar, usurpador o incluso hasta invasor aumentaba la fuerza de su imaginación que proyectaba seres impregnados del olor y la invernal contención de una naturaleza que lo rodeaba. Esperaría a la primavera. Siempre.

Sergio López vidal