La luz roja

He despertado de mi hibernación interespacial , mi temperatura corporal registra niveles muy altos,lo cual debe haber activado mi reanimación .Mis entumecidos músculos me impiden reincorporarme sin dificultad y observo unas pequeñas llagas por todo mi cuerpo,provocadas probablemente por la abrasión del traje de la cápsula del sueño y la inamovilidad de los dos largos años terrestres que calculo habrán transcurrido desde nuestra puesta en órbita.La luz roja domina toda la nave,lo que me indica que no hemos llegado a nuestro destino,y yo no debería estar despierto.
Mis sospechas se confirman,mis compañeros siguen sumidos en su sueño cósmico ,convertidos en maniquíes de congelada sonrisa,a los que miraré desconsolado los próximos tres años .
Junto a mí hay depositadas unas pequeñas píldoras y otra ,más alargada y de envoltorio plateado ,mi primer almuerzo galáctico .Uno nunca se acostumbra a esto.

¡Hijo,no te quejes !….y date la vuelta que te ponga el supositorio.

Mamá cumplió su amenaza rectal y apagó la bombilla roja que según ella
“absorbía ” las erupciones del contagioso sarampión .

Sergio López Vidal

PIEL Y RISA

PIEL Y RISA

Somos piel y risa,
sonrisa erizada y cuero alegre,
argumentos de una vida naciente,
que crece sin prisa.
Notas sin orden,
acompasadas por el nervio
de dos agitados cuerpos,
que aman y ríen.
Buscadores desesperados
de respuestas comunes,
a dudas universales:
amar y ser amados.
Tacto incesante
que reconoce en la oscuridad
una mitad con otra mitad,
hasta entonces distantes.
Piel y risa.

Sergio López

El suicida equivocado

El suicida equivocado

Recuerda las olas romper cuando no eran maltratadas por artificiales diques, y el salitre de un trago de mar entre juegos de bañistas y palabras efímeras escritas en la arena. Moja una espermática espuma su espesa barba distraída avisando que la mar es camino de vida, que sólo se cobra el tributo de héroes, y devuelve siempre los despojos de los que se rinden. Cambia la marea para salvar enrocados ermitaños y la última bocanada de un pequeño pez. Pleamar de unos ojos cerrados que se abren en lágrimas saladas que inundan el océano por descubrir. Sumerge su cabeza en su nuevo bautismo, y emerge renovado de la madre líquida, el suicida equivocado.

Sergio López Vidal