CLOROFILIA

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Sumergido,pausando la vorágine de la superficie, diluyendo los maliciosos rumores con la propia respiración, la tentación de la libertad se dibuja en la oscura profundidad.El tiempo ahora juega en  contra de nuestra imperfecta naturaleza.Nuestra esencia se eleva a borbotones componiendo un mosaico de  burbujeantes estampas de una anfibia realidad.Embriagado por la reminiscencia de un estadio anterior, ignorando la dinámica pulmonar, rozo la línea del abandono buscando los  destellos del fondo.La luz  distorsiona la percepción del primigenio mundo,y sólo los cantos de sirena me vuelven a impulsar una vez más hacia arriba.Bocanadas de aire en un mar de cloro.

Sergio López Vidal(c)

Near West

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Nadie recordaba ya al viejo,siempre hierático en su sillón de anea a modo de trono itinerante,pues cada quincena transportaba su decadente reino en una de esas imponderables bolsas de cruzados cuadros , de gran capacidad , y  resistentes al trasiego de una errante realidad.
Y como comandante en jefe que visualizara  la batalla antes de su despliegue,adoptaba la estrategia adecuada y necesaria ante los hostiles elementos  de su nueva morada.
Su hija Alicia lo recibía con una ensayada mueca,que simulaba una sonrisa,y  el agrado de quien limpia su conciencia con la dádiva dominical en la misa de doce.El abuelo en silencio caminaba por el corredor forrado de terciopelo rojo,con la sensación de encontrarse ya dentro de un féretro, aposentándose en el cuarto de plancha y costura, que había sido acondicionado como ocasional dormitorio , compuesto de  una mesa camilla,un quinque de pilas y un neumático colchón  de los que se pueden comprar por televisión en noches de desvelo.
Entre cestos de ropa y pañales apilados, callado,mirando sin ver el teatro de un mundo ya tan distinto, de artificioso blanco frente a sus percudidas posesiones, enmarca sus recuerdos en los fríos azulejos.
Había olvidado el nombre de su último nieto, su memoria de nómada le jugaba malas pasadas,porque ya cualquier nombre se repetía más en los mármoles del camposanto que  en los rostros cambiantes de su entorno. Él mismo había pasado a ser  “el viejo” a secas,y su nombre compuesto tan sólo lo escuchaba en la impersonal voz del funcionario del  Registro Civil, con ocasión de la fe de vida , requisito para poder seguir cobrando su devaluada pensión. “Más bien deberían certificar la supervivencia con esa miseria”,solía pensar  frente a la indolencia con la que el oficial del registro expedía y sellaba que aún, aunque con dificultades ,seguía respirando.
Podía cambiar  la estética de las paredes,el pensamiento político, los credos e incluso la inclinación sexual de sus anfitriones ,según la filial posada por la que rotaba,pero Martín no variaba nunca su liturgia de huésped y transeúnte  forzoso.Apilaba su colección de novelas de papel barato de Marcial Lafuente Estefania,como su mayor reliquia.Aquellas hojas amarillentas contenían un universo paralelo de polvorientos y herrados caminos, ranchos y ganaderías en permanente conflicto  ,  héroes airados de descripción industrial,pero individualizados por su causa legítima, y alejados de cualquier metáfora distractiva. A la luz mortecina del quinqué,Martín,convertía sus escasos metro cincuenta y cinco de mínima militar en los más de seis pies de altura del justiciero tejano,que en apenas cien páginas restituía  el orden alterado por los ataques de maliciosas fuerzas externas.Un  mundo de pulpa de celulosa tan ajado como la piel de Martín, regido por códigos distintos a los de  su abnegada existencia.Balas de tinta contra la tiranía del tiempo y sus cuervos.

Sergio López Vidal (c)

La distancia

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Palabras sumergidas en insondables profundidades, rescatadas en el último instante por la necesidad de ser escuchadas.Boca a boca entre trasnochadores náufragos de la mar cotidiana, de la miseria repetida en monólogos de nuevos mesías. La réplica mojada por el último sorbo,se eleva en el teatro de sombras intimando con el desafío lanzado por la pregunta oportuna,que pausa y alarga la mutua conexión. Los silencios aquí no son vacíos sino elocuentes,son los gritos de nuestras reflexiones.La distancia ideal entre nosotros es siempre la de la conversación.

Sergio López Vidal (c)

Vómito

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La Ana infante vomita el sofá,devolviendo con afectado esfuerzo el alimento engullido.Ana,la madre, sujeta la frente de la pequeña,y desea que el maldito sofá se bañe,se embadurne,se ahogue , se pudra con el torrente lechoso,que hace presa en la boquita de la otra Ana.Seca el sudor de la angustia atragantada.Y como cascada de maná recibe, Ana mamá,  en su pecho la  bocanada liberada de un paliativo vómito. No hay asco.Hay descanso.Fundidas en el manchado sofá,  Ana y Ana .El amor huele a agrio.

Sergio López Vidal

LAS TRES CRUCES DE ROJALES

LAS TRES CRUCES DE ROJALES

Tres cruces se alzan en el Monte Calvario, de hierro fundido y forjado con la fe
del pueblo que yace a sus pies, Rojales. En la soledad de las alturas, allí donde
el alma está más cerca de su destino, busca el viajero y el creyente un
recogimiento que siempre necesita el primero y conecta al segundo con la
verdad de su dogma.
En su escalinata hasta la cima, un pequeño se afana con esfuerzo en subir
cada uno de sus peldaños, animado por la cuenta de las cruces menores que
jalonan el vía crucis en la subida:”una,dos,tres,cuatro…”,un pequeño tropezón,
y el pequeño cae al suelo dolorido. Rauda, su asustada madre, corre junto a su
hijo consolándolo, limpiando con un pañuelo la sangre que se derrama de una
pequeña herida en la rodilla del niño. Amor y resignación maternal en el dolor,
igual que hace dos milenios.
Gigantescas a los ojos del pequeño, las tres cruces cortan majestuosas la línea
del horizonte. Ya olvidado del dolor pasajero corre animoso el pequeño por la
explanada del Monte Calvario. Es Jueves, y Santo. Una vida que da sus
primeros pasos; y otra vida entregada, la de Jesucristo, Dios en carne, que
redime y se crucifica por amor.
Atardece, y los cofrades de negro comienzan a fundirse con las sombras del
ocaso, cuando sólo el rojo de sus capuchones, resalte como el rostro
ensangrentado del Cristo de la Buena Muerte.
Faroles, cirios y velas ya flanquean las calles de Rojales al compás de un
rítmico tambor que enmarca el silencio. Enmudecido un pueblo que asiste a la
Pasión de su Salvador, camino del Calvario, su monte, su señal, que preside la
cotidianidad de sus actos y hechos.
Iluminada su cima, ya escoltan la imagen del Cristo crucificado los ladrones,
Dimas y Gestas, en la Santísima Crucifixión en el Monte Calvario. Y en la
Santa Agonía, Él, vuelve a perdonarnos.
Unos ojos a través del capuz observan la escena con el fervor y la devoción de
quien se sabe portador de una tradición transmitida de padres a hijos. Y
recuerda el cofrade, ya hombre, aquella primera ascensión al Monte Calvario
junto a su amada madre.

Sergio López Vidal
Fotografía:Portal Amo Rojales(Tomás Morales Pastor)

El encaje

El encaje

Emparenta la sangre compartida,doblemente en aquellos que bucean juntos ya desde el océano amniótico. Crecer a la par con la duda de una vida dividida en un puzzle de dos piezas únicas.
La luz irradiaba con la misma fuerza en los rostros de las hermanas Gayón, sincronizando sonrisas , ademanes y brunas cabelleras. La natural fracción de la alegría en alícuotas partes, y la tristeza consolada por dos corazones heridos en ventrículos opuestos,mantenían con firmeza el vínculo más allá de lo fraternal entre Anunciación y Resurrección.
Sólo el mercurio de un irracional amor ajeno puede derretir una unión forjada desde el primer palpito.El deseo es siempre un acto de egoísmo , una gigantesca ola capaz de derribar el mayor de los diques.
Separada de su hermana,Resurrección, desde el “hasta que la muerte os separe”,pronunciado en el desposorio de Anunciación, sangra en su mitad por el certero tajo de la separación. Se consume el par en su soledad mientras el otro fluye fuerte alimentado por el nuevo cauce al que se ha unido.
De la mitad plena surge una amamantada vida , y la vida sigue apuñalando a Resurrección, secando sus pechos, urdiendo resentimiento.
El paso del tiempo fragua la fractura fraterna con la locura de Resurrección, parte ya podrida de las Gayón.Es hora de engarzar los antiguos lazos originales.La sutileza del veneno.Llora Anunciación.Viuda la otra mitad.
El duelo vuelve a unir las almas gemelas.Contaminadas ya las arterias del primigenio amor,Anunciación se oscurece,mientras su hermana, con los pechos ahora henchidos, ciega los ojos de su sobrino con suaves encajes.La historia no volverá a repetirse.Todo vuelve a encajar.

Sergio López Vidal

Fotografía:Roberto Almansa Vives