AFEITES

Con un rítmico golpeteo sobre la porcelana del lavabo desatascó la maquinilla de afeitar,de usar y tirar,infinitivo éste último que había quedado en desuso por el continuo reciclaje de la cuchilla.Un rastro de diminutos vellos nevados de espuma se repartían como laboriosas hormigas alrededor del desagüe.

A Daniel , siempre acostado en la habitación contigua, le tranquilizaba aquel  familiar sonido al que le seguía  minutos después unos secos palmoteos. Sabía que lo siguiente sería un beso acompañado de una refrescante y mentolada  fragancia, y sumergirse de nuevo en el interrumpido sueño.

Abrió el grifo, y el intermitente hilo de agua fue diluyendo el artificial hormiguero, camuflando las lágrimas que se precipitaban desde sus ojerosas cuencas.
Miró su rostro enmarcado por los lunares negros del picado espejo,y decidió que la maquinilla volvería a ser solo de usar.Daniel la golpeó con rabia una y otra vez,colocándola en un lugar destacado del mueble de baño.Caminó al cuarto del pequeño Rubén, a quien besó con la menta del amor paterno.El mismo sabor que el dejó de tener junto a aquel peculiar sonido, una mañana de un día ya lejano.

Sergio López Vidal (c)

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Los perros

En el tiempo de los perros sin dueño, que no abandonados como hoy en día, los niños de los bloques,tiznados del alquitrán recién asfaltado,negros de la roña callejera, y fugitivos de una tarde de siesta, vivíamos en el acantilado de ladrillo rojo.Asomados a balcones  de robín, disparando las flechas de un cupido de barrio.Amores de tendedero.
Inseparables los perros tras una cópula sin mamporreros amos ,lo cotidiano era un teatro de cuatro esquinas,casi siempre orinadas. Actores sin camisa en un agosto perpetuo vagando por la tierra prometida de un ensanche urbano.Los perros de los bloques.Sin dueño.Aquellos niños.Entonces.

Sergio López Vidal (c)

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El peso del agua

Llueve como sólo se llueve en domingo.La humedad es la nostalgia de esta tierra de nadie,y las paredes sudan el paso del tiempo.Las malas hierbas huelen a buenas, caladas por el peso del agua eterna.Begoña,respira el ambiente anfibio de este castillo inundado, esperando salir a flote de tempestades y nubarrones del devenir. Pasa las páginas de su inacabado libro,mojando su dedo índice con la punta de la lengua,mezclando la saliva de la decisión con las aguas estancadas de su pasado.Se ahoga.
Los peces del estanque desbordado, nadan embriagados en maceteros de podridas violetas y pensamientos negros.Su memoria juega a su favor,el pasado es un abrir y cerrar de branquias.En cambio,los recuerdos encharcan los pulmones de Begoña,asfixiando las razones de su huida,regando un sentimiento de culpa.
Crecen los juncos con el abono del cuero en descomposición, como crespones de luto.Anegados los campos ,convertidos en estériles arrozales,asoman vestigios de una urbanidad sumergida.
La sirena,sala su rostro con las lágrimas de su monstruosidad.Atrapada en un inconcluso cuerpo pisciforme,envidia la efímera memoria de los peces ,que nadan en círculos en los maceteros.

Sergio López Vidal (c)

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Fotografía: mj pineda (c)

ESTADOS DE LA MATERIA

La condesacion de sus desaires  transforma los malos humos en la lluvia tóxica de su acartonado  decorado.Arantxa tiene miedo a  escribir en el vaho porque todo es efímero en el espejo donde se mira.Quisiera grabar sólidos corazones en la corteza centenaria del árbol de la ciencia exacta del uno más uno,hendido  con la navaja de la más loca pasión. Siempre buscando poder respirar , abre demasiadas ventanas.Vuelan los molestos papeles y la impertinente correspondencia bancaria, pero también se escapan las notas pendientes y las promesas por cumplir.Otra vez es tarde,Arantxa. Tus líquidas  huellas vuelven a confundir si vienes o vas.
Lo cierto es que tras un portazo, alguien volvió a irse.Evaporizacion.

Sergio López Vidal (c )

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Nuevo Cinema

Aquellos carteles de películas francesas en la antesala del baño, apretaban mi infantil vegija.La verdad es que,ahora, sé que eran francesas.Y que sigo sin poder mear con testigos. La gruesa cortina de telón rojo, que no dejaba pasar la luz artificial de los urinarios al resto del teatro -cine ,engullía a los incautos hipnotizados por la luciérnaga luz del acomodador .Creo que leí en los créditos de esos fotogramas el nombre de algún conocido con incontinencia de sesión continua. Glamuroso pis.

SERGIO LÓPEZ VIDAL (c)

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Se afilan

En el preludio de la tormenta se afilan los cuchillos que ya no cortan nuestras vidas.El doble filo es ahora negociar y guardar las armas.Porque el cielo amenaza con descargar su furia,y la escala ascendente  de su armónica me avisa de un tiempo que ya  terminó.
Tampoco  saldremos a buscar caracoles cuando escampe.

Sergio López Vidal  (c)

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FONDO

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Angela corre con las zapatillas de la rabia,las de la victoria del amor propio.Se acabaron los disfraces y el carnaval de espejos ajenos.Es hora de romper los traicioneros espejismos.La ternura se suda y resbala por las henchidas carnes,y el temor es un enano engreído con flato. Angela aprieta los puños.Golpea el desamor,y bombea la savia nueva con cada zancada. Esa es su elección, no dará la espalda a la esperanza,pisando los rumores clandestinos a su paso.Hace tiempo que entrena a sonreír.Los demás nos limitamos a juzgar y a jugar con la vida de otros.Angela corre con la ventaja del perdedor, porque sólo ya queda ganar.Vencer es acabar.Acabar es su impulso .Se acabó agachar la cabeza.
Siempre acostumbrada a la soledad,ser una corredora de fondo era cuestión de tiempo . Auténtico ,profundo, fondo.

Sergio López Vidal (c)

La Torre Blanca

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Decidí que  atarme los cordones de las zapatillas sería suficiente tecnología para mirar al frente y caminar.La cobertura serían mis  atávicos pensamientos , y aquellos  olmos centenarios que escoltaban el sendero,la red social con la que compartir mi manumitido estado y las silvestres imágenes de mi retina. Descubriendo que podemos girar nuestro cuello en más direcciones que hacía abajo,me dejé perder en la humeante espesura vegetal que impedía cada uno de mis pasos a la vez que me regalaba  un espectáculo de contrastes con cada palmo conquistado.Un moho de verde intenso tapizaba unas labradas piedras que comenzaron a enmarcar el camino,que sin dejar la maraña natural daba señales de cierta urbanización .Las apiladas rocas a medida que avanzaba alcanzaron la altura de un verdadero muro,que apenas dejaba ya entrar un sol  en mediodía. Al mismo tiempo ambas tapias iban estrechándose, dando la sensación de un claustrofóbico chorco de lobos .Con el espacio  justo para el acceso, atravesé la unión de las mimetizadas paredes,invadido por el espíritu superviviente de un cobarde.
Fue entonces cuando una intensa luz me cegó como a un lebrel en una carretera secundaria.Dispuesto a no tener el mismo desenlace que áquel,me esforcé por acostumbrar mis ojos y vislumbrar lo que me rodeaba.Un clínico vacío era todo, tan sólo roto por una escalera de caracol que se enroscaba más allá de lo que mi vista podía abarcar .Desorientado por aquella albura, ascendí por la escalera,que se mantenía siempre limpia a pesar de mis embarradas botas.De forma contraria a lo lógico iba sintiéndome cada vez más liviano y ágil con cada peldaño de ascenso. Tan rápido como cuando saltaba de nube en nube con la mirada desde la ventanilla del coche en marcha de mi padre.Llegado a una azotea, tan desierta y cristalina como el resto de la arquitectura, pude divisar  por uno de sus laterales el estrecho lindero amurallado por el cual había llegado a este lugar,comprobando que el  infinito trayecto recorrido era incompatible con el poco espacio de tiempo transcurrido .Un sonido zumbante llamó mi atención desde el otro extremo,acompañado de una tormenta de arena rojiza,que una vez escampada dejó a la vista un  ser, bello y femenino en su conjunto ,pero tan  extraño como para mantener una prudente distancia. Me sonrió, ofreciéndome una piedra preciosa de color vino,desapareciendo tras otra roja ventisca .Despejada la línea del horizonte oteé que en todos los puntos cardinales se alzaban cientos de construcciones similares a la que yo había ascendido ,con sus correspondientes muros de acceso,y desde las mismas sus habitantes parecían afaenados en repetitivas tareas.
Un temblor inesperado alertó mis ensimismados sentidos por todo lo acontecido.Asomado al salto de la torre,horrorizado vi como hordas de un marcial y clónico ejército, intentaba dañar los cimientos del edificio para lograr su derribo.Todo se vino abajo en cuestión de segundos.Semienterrado entre cascotes,tan sólo oía los cánticos victorioso de los fieros soldados por la destrucción total,hasta sumirme en la inconsciencia.
Desperté  dolorido a la sombra de los olmos centenarios,probablemente víctima de un accidente en aquel pedregoso sendero.Ahora sí  echaba de menos la tecnología, que obra el milagro de la comunicación inmediata.Por suerte fui rescatado por unos  aldeanos.
Tan pronto como llegué a casa encendí el móvil, que nunca más dejaría de llevar en mis salidas al campo.Un sonido acústico ,me avisaba de una notificación del último juego de estrategia descargado: La torre blanca había acelerado  su construcción en menos tiempo gracias a una piedra preciosa de color vino.

Sergio López Vidal  (c)