CUENTO EN FAMILIA

DEL MONSTRUO mecánico descienden dos hombres ataviados con un mono de cremallera de color verde y amarillo. Las bandas reflectantes en sus brazos se iluminan al paso de una furgoneta de reparto de pan. Se despereza la mañana con malas pulgas, sacudidos los chopos sistemáticamente dispuestos a lo largo de la amplia avenida por la acometida del viento.
– Date prisa, Mariano – dice uno de los operarios de aseo urbano, antes llamado basurero; a él le da igual como le llamen, «la basura apesta lo mismo» afirma sin reparos –
Mariano termina de enganchar un contenedor a los enormes brazos del camión y un sonido hidráulico avisa de que va a comenzar el volcado. Resulta monótono la mayor parte de las veces; bolsas de supermercado mal anudadas preñadas de pañales sucios, latas, cartones de leche que son engullidas una tras otra por el monstruo devorador de inmundicia. En contadas ocasiones la tarea depara alguna sorpresa.

– ¡Pero qué…! ¡Aguanta el bicho, Romerales! – exclama
Mariano, con el rostro desencajado – ¿estás viendo eso, tú? – pregunta dirigiéndose al otro operario y señalando con un enguantado y
tembloroso dedo extendido hacia un cuerpo de mujer que emerge de
entre la montaña de basura.
El otro operario asiente, se pasa el antebrazo por la frente perlada de una sudoración fría y habla con una convicción aprehendida a costa de muchas noches.
– Llama a la policía, Mariano – chasquea la lengua – operario de aseo urbano… ¡y un carajo! Esto es la misma porquería de siempre.
Mariano habla nervioso, a través del teléfono móvil, con un agente de policía. Romerales se pregunta en la cabina «qué cuyons estará pasando» en la parte trasera
***
EL TELEVISOR Radiola parpadea durante un instante, como un viejo que carraspea para aclarar la garganta quemada de orujo, y proyecta las imágenes del noticiario contra su pantalla convexa con una solemnidad propia de electrodoméstico vetusto. Ajusta papá el volumen, para no perder detalle.

– …usted fue la primera persona en percatarse de que había un torso de mujer entre la basura… – afirma una joven de cabellos rizados y gesto contenido, a sabiendas de que habla en directo para millones de espectadores. Se dirige al operario de mono verde y
amarillo y franjas reflectantes en sus brazos, que asiente haciendo descender y ascender y descender las enormes ojeras que se dibujan
en su rostro, como de lechuza. La periodista acerca el micrófono al
operario con cara de rapaz nocturna, que lo observa unos segundos
antes de responder, tal vez midiendo la distancia con sus labios cuarteados y rodeados de una hirsuta barba de tres días.
– Le faltaban las piernas – asevera – bueno, para ser exactos,le falta todo de cintura para abajo,ya me entiende.

Debió de ser algo sobrecogedor para usted – afirma la periodista, que pone boca de piñón y arruga el entrecejo; es un recurso de manual, para dar efectismo.
– Estas cosas imponen, claro que imponen – responde el operario -, pero en este trabajo se ve de todo. Hace unos años un compañero se tropezó con un drogadicto al abrir un contenedor; pálido, con los ojos en blanco y con la aguja todavía clavada en el brazo. Fiambre. Avisó a una ambulancia y en cuanto lo sacaron y lo fueron a embolsar ¿sabe usted qué? ¡Se despertó de un brinco, salió
corriendo y todavía lo andan buscando!
La periodista esboza una sonrisa, aprieta todavía más la boca de piñón, con riesgo de succionarse a sí misma, nerviosa, fuera de tema. Agradece la colaboración del entrevistado y devuelve la conexión al estudio. La última imagen del escenario permite vislumbrar, muy al fondo, el bulto inerte que compone medio cuerpo de prostituta dentro de una bolsa para cadáveres. El forense, un cuarentón con calva en forma de tonsura que lleva pajarita, ha anotado en una libreta que vestía una camisa blanca todavía anudada .
– «sobre el ombligo bajo el que se abre la nada», ha pensado – y que, aunque el cabello es rubio, por el color de las raíces – «negrísimas» – la mujer era morena.

En el exterior del televisor Radiola, mamá reparte los filetes empanados.Y papá nos manda a callar otra vez.

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